¡Los niños quieren vivir, los niños quieren jugar!

 Con esta frase mi querido compañero de carrera sintetizaba el corazón de la Educación Parvularia. Nos hablaba de su experiencia de su pasantía en un aula hospitalaria, un contexto no convencional en el que la educación parvularia está presente de manera institucionalizada en Chile. Usualmente no pensamos en esos niños y niñas que viven sus días hospitalizados, o que sufren de una enfermedad crónica por la que deben acudir frecuentemente a un hospital. Tampoco pensamos en sus familias, en cómo impacta en la vida de sus hermanos, pa-madres o cuidadores (los hermanos también asisten a las aulas hospitalarias para no contagiar a su hermano enfermo en caso de asistir a un colegio tradicional). Pero hay gente que sí lo hace. Así como hay personas que trabajan en Jardines Infantiles y colegios tradicionales, también hay personas que trabajan en distintas modalidades no convencionales de Educación Parvularia (centros culturales, Jardines Infantiles laborales, Jardines Infantiles comunitarios, Jardines Infantiles sobre ruedas, entre otros) existen aquellas que deciden trabajar en las aulas hospitalarias, con todo lo que ello conlleva. 

 ¿Cómo funciona la empatía? El cerebro realiza una simulación de lo que el otro siente a partir de la propia experiencia (Díaz, 2023).

Y lo cierto es que somos seres que sienten y desarrollamos empatía por otros, podemos sentir su dolor y quisiéramos -con ansias y desesperación- cambiar la realidad: Rogamos al cielo, lloramos, nos conmocionamos y buscamos respuestas que jamás encontraremos ¿Fue el destino? ¿Fue un castigo? ¿Fue el azar? 

Y la pregunta que aparece cuando un ser amado muere: "¿Cómo puedo seguir adelante después de ésto?"

La muerte convive día a día en las aulas hospitalarias, y es algo que impacta a los educadores que trabajan en éstas. ¿Acostumbrarse a ella? No creo que sea la palabra correcta. Jamás dejará de doler una muerte.  Jamás dejará de doler ver a un niño enfermo, conectado a máquinas para poder sobrevivir... Entonces ¿Cómo pueden trabajar los educadores y educadoras en este contexto? 

La teoría dice que luego de empatizar, las personas mentalizan para ver de qué manera pueden canalizar esa empatía. Las educadoras y educadores lo encuentran realizando lo que es esencial en la Educación Parvularia: El juego. Se educa a los niños a través de los juegos y actividades que planifican, que preparan con mucho amor y esmero, y que buscan, además de enseñar, distraer a los niños por un momento de su dolor y enfermedad. ¡Cuanta dedicación hay en ello! ¡Cuanta fortaleza!

Espero que, como educadores y educadoras, jamás perdamos nuestra sensibilidad, porque es ésta la que nos mueve a entregarnos cada día más a los demás, a buscar nuevas estrategias y a querer hacer las cosas mejor cada día. Es este el corazón de nuestra vocación: El amor a los niños y niñas. Buscamos su bienestar y deseamos que se desarrollen felices. Mi granito de arena, tu granito de arena, nuestros granitos de arena cuentan.

 Porque cada día es una nueva oportunidad para hacer sonreír a un niño. 

¡Porque los niños quieren vivir, los niños quieren jugar!


P.S: Un gran abrazo a todos aquellos que trabajan en las aulas hospitalarias. 

*Utilizo niño como universal para niños, niñas y niñes; de modo de facilitar la lectura del texto.


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